El trastorno del espectro autista es un trastorno del desarrollo que afecta al comportamiento y aparece prioritariamente en varones.

Se caracteriza por una alteración de las interacciones sociales, problemas de comunicación, obsesiones, ceguera mental, habilidades aisladas, hipersensibilidad a los cambios, rituales repetitivos de comportamiento e intereses pobres y restringidos, aunque hay mucha variabilidad entre sujetos.

Todos estos síntomas a menudo se clasifican en la denominada “tríada autista” (comunicación, imaginación y socialización)

En el ámbito social:

Puede manifestarse con aislamiento o indiferencia, pasividad o iniciativas inadecuadas con los demás. También suele haber dificultades para jugar o interactuar con otros, así como un déficit marcado para entender y compartir emociones.

A nivel comunicativo:

Más del 50% no habla ni lo compensa intencionadamente con la mirada, expresiones faciales o gestos, y quienes hablan suelen hacerlo de forma literal, sin matices, repitiendo palabras o frases pero ignorando a su interlocutor.

En el aspecto cognitivo y perceptivo:
Tienen dificultades de imaginación y juego simbólico, manejando los objetos y juguetes de forma inapropiada, a repetir movimientos físicos o gestos autoestimulativos, a padecer fobias o miedos ante causas inusuales, o mantener conductas rituales. Con frecuencia toleran mal los cambios tendiendo a la rutina.

En muchos casos, a lo anterior se asocia un nivel variable de retraso mental que puede aumentar sus dificultades.

En el autismo en general, se cifran aproximadamente un 60% de individuos autistas con retraso mental, sin embargo, estas cifras descienden hasta un 30% cuando se habla de un autismo como un todo. Además, entre los pacientes autistas se encuentran de un5 aun 44% de casos de epilepsia. La ansiedad y las alteraciones de comportamiento son también muy comunes en este trastorno.

Aunque no se conocen con exactitud las causas de este trastorno, si se sabe que el déficit de desarrollo suele aparecer alrededor de los 18 meses de vida. Sin embargo, entre un 25 y un 40% de los casos, han tenido un desarrollo normal hasta los 18-24 meses, cuando empiezan a presentar el trastorno.

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